Mi interés por el lenguaje y su aplicación escrita no irrumpió hasta la adolescencia. […] Aunque, si lo pienso bien, la inclinación por algunos elementos de la inabarcable naturaleza pudo haber llegado inducida por el lenguaje. A mi alrededor había plantas, que los niños, borrador de la especie, no miran. Por más que las maestras, desde antes de mis tiempos hasta los de mis nietos, pertenezcan al sistema pedagógico al que pertenezcan y hasta creyendo innovar, los enfrenten al proceso de la germinación, munidos de una capa de algodón húmedo y de un montoncito de lentejas, frijoles o guisantes, son raros los observadores que, una vez aparecidos los brotes, los tallos delicados y, a lo más, las hojitas, ponen los germinados en la tierra, aunque sea la de una maceta, y se ocupan del destino de una planta. No sé si lo hice. A mi alrededor estas ya estaban. Y estaban sus nombres, los comunes y los científicos. La tía Ida, que trabajó en la creación del Jardín Botánico de Montevideo, llevó a casa gajos y semillas de especies poco comunes, por intercambio con otros jardines. Para mi abuela fue natural esa ciencia nominativa. Así me llegaron palabras extrañas, que podían producir miradas también extrañas cuando las repetía con toda naturalidad ante quienes, poco interesados en la materia, debían de encontrar raro que una escolar tuviera trato con aspidistras o ilang-ilangs y supiera de acodos y rizomas.

Haber descubierto una relación entre los nombres y la realidad representada (la alegría de que el miosotis fuera, al conocerlo, tan bello y delicado como sonaba su palabra) despertó mi simpatía por las plantas. El interés por ellas no era sino parte del interés por las palabras en general, que después me llevó a dedicar todas las noches unos minutos, preciosos porque eran discutidos a la obligación de apagar la luz a las diez, a buscar novedades en el diccionario, regalo de otra tía, para dormirme con su runrún y asegurármelas de ese modo en la memoria. Con algunas regresé al mismo territorio vegetal. Descubrí el aguaribay, la casuarina, el abedul en forma de palabras. Tardaría mucho en encontrarlos en mi camino, que, por el momento, apenas me llevaba al álamo de la puerta, a un secular ombú de la zona o a los eucaliptus y plátanos omnipresentes. Los libros que leía eran los únicos caminos hacia los espacios, que yo sabía deliciosos, donde reinaban otras sorpresas.

 

Ida Vitale, De plantas y animales. Tusquets, Barcelona, 2019


Más sobre… IDA VITALE

Ida Vitale (Montevideo, Uruguay, 1923) fue profesora de Literatura hasta los 70 años. Su obra se caracteriza por la fascinación que ejerce sobre ella el mundo natural y por su admiración hacia José Bergamín, que fue su profesor en Montevideo. Sufrió el exilio en México entre 1974 y 1984 junto a su segundo marido, el poeta y profesor Enrique Fierro. Tras regresar brevemente a Uruguay, se estableció a finales de los 80 en Austin (Texas, Estados Unidos). Cuando su esposo falleció, en 2016, volvió a su país.

Es poeta, traductora, ensayista, profesora y crítica literaria. Perteneció a la Generación del 45, junto con su compatriota Mario Benedetti, entre otros. Se la encuadra dentro de la “poesía esencialista”, en la vanguardia. La naturaleza ha sido siempre fuente de inspiración en su obra. Ha recibido el Premio Octavio Paz (2009), el Premio Alfonso Reyes (2014), el Premio Reina Sofía (2015), el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca (2016), el Premio Max Jacob (2017) y el Premio Cervantes(2018). Destacan entre sus obras La luz de esta memoria, Sueños de la constancia, Jardines imaginarios y Reducción del infinito.

 


Nuestr@ colaborador/a opina…

Gloria García, profesora de Lengua y Literatura de nuestro Centro:

«Con motivo del Mayo Cordobés, escenario festivo alrededor de la flora (no solo por el festival de Patios), hemos seleccionado este fragmento de la última obra publicada de Ida Vitale. En él, con su visión particularmente sensible del mundo exterior, nos explica cómo llegó a las plantas a través de las palabras, cómo en las palabras se encierra todo el universo.«


El siguiente vídeo contiene el discurso de la autora al concederle el Premio Cervantes:

http://www.rtve.es/alacarta/videos/premio-cervantes/24h_discurso_ida_vitale_230419/5161019

 

EL MUNDO VEGETAL Y EL LENGUAJE

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