Ya no me quedan muchos años
para hacerte un hombre libre.
No me quedan muchos años para darte una lección;
la lección de la vida por si de algo te sirve.
Para cuando papá tenga que despedirse,
y te quedes tú solo
en medio del mundo de lobos en el que estoy yo.
No se te olvide que ahora ya,
la escuela solamente de poco vale.
Hay cosas que se aprenden solo en la calle,
y en la calle contigo nadie estará.
Apréndelas tú mismo.
No se te olvide que allá donde vayas
tendrás que enfrentarte al dolor,
y sólo aquel que resista se irá haciendo fuerte.
Acércate a quien te dé su palabra, su libro,
su mano y su amor,
y aléjate del que nunca te mire de frente.
No preguntes por el Dios del Cielo porque desde el Cielo
no puede ayudarte.
Tú preocúpate por el Diablo,
que ese sí está claro
que está en todas partes.
Y si un día, en medio del camino,
ves que tu destino se cubre de negro,
date la vuelta y regresa y luego empieza,
que tienes tiempo.
Y no dejes que la juventud se te escape de pronto,
como a tantos tontos…
Como a tantos tontos que la están perdiendo.

 

Juan Carlos Aragón (Las noches de bohemia. 2010)


Más sobre… JUAN CARLOS ARAGÓN

Juan Carlos Aragón, Capitán Veneno (Cádiz, 26 de mayo de 1967 – 17 de mayo de 2019)​ fue profesor de filosofía, ensayista, poeta y autor de unas 40 agrupaciones del Carnaval de Cádiz.​

Admirado y repudiado a partes iguales, nunca dejó indiferente al auditorio. Combativo, ácido, sarcástico, revolucionario, lírico… Un ser diferente en un mundo banal en el que puso los versos más profundos.

Participó en la última edición de Cosmopoética (2018) y pregonó el carnaval de Córdoba en 2011. 

Su obra literaria:

  • El pasodoble interminable (Novela)
  • El carnaval sin apellidos (Ensayo)
  • El carnaval sin nombre (Ensayo)
  • Los últimos versos del Capitán Veneno (Poesía)
  • La risa que me escondes (Poesía)

 


Nuestr@ colaborador/a opina…

Francisco José Simón, administrador de La Pausa:

«No se rasguen las vestiduras aquellos que solo la entienden con mayúscula y reniegan de su hermana, mal llamada, menor. No se rasguen la piel al ver esta puerta abriéndose a la cultura en minúscula, la del pueblo, la que dibuja el folklore y cincela la identidad de pie de calle. Juan Carlos Aragón fue su escribano para una generación y, por capricho macabro del destino, se ha convertido en una de sus leyendas antes de tiempo.

Muchos no podrán entender su presencia en este espacio literario, abanderando su protesta con argumentos de alta literatura, pero se trata de algo tan humano y vital como la identidad del pueblo… el oxígeno que nos arranca la máscara de cada una de nuestras tragedias para sonreír a la cara de todo los doce meses de carnaval. Así nos lo hizo ver y así nos lo hizo sentir, porque no hay mayor museo para el ciudadano que sus playas, plazas y callejones. No hay cúpula más luminosa para cualquier catedral que el propio cielo. No hay manjar que alimente más que el pan caliente en manos de una abuela. No hay confidente más serena que nuestra soledad y la guitarra alzando la mano. No hay futuro más prometedor que el forjado con los libros. Esa identidad… La que te hace sentir la pertenencia a un grupo más allá de nuestras islas encerradas entre vientos y mares. Esa identidad tan gaditanísima. Esa identidad con la que puedo decir, gracias al Capitán Veneno, que soy cordobés, pero me siento gaditano. Descanse en paz.»


Acompañamos esta entrada con la interpretación del pasodoble propuesto:

EL ÚLTIMO VERSO DEL CAPITÁN VENENO

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