Donde habite el olvido,
en los vastos jardines sin aurora;
donde yo solo sea
memoria de una piedra sepultada entre ortigas
sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

Donde mi nombre deje
al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
donde el deseo no exista.

En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
no esconda como acero
en mi pecho su ala,
sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
sometiendo a otra vida su vida,
sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

Donde penas y dichas no sean más que nombres,
cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
disuelto en niebla, ausencia,
ausencia leve como carne de niño.

Allá, allá lejos;
donde habite el olvido.

Luis Cernuda, 1933


Más sobre… LUIS CERNUDA

Luis Cernuda nació el 21 de septiembre de 1902 en Sevilla y murió en un 5 de noviembre de 1968 en Ciudad de México. Era hijo de un militar, y se educó en un ambiente de rígidos e intransigentes principios, lo que marcó toda su vida.

Inició sus estudios de Derecho en la Universidad de Sevilla, donde conoció a Pedro Salinas, que fue su profesor. Ya en los años veinte se trasladó a la ciudad de Madrid, donde entra en contacto con los ambientes literarios de lo que luego se llamará Generación del 27.

Su descontento con el mundo y su rebeldía se deben, en gran medida, a su condición de homosexual, a su conciencia de ser un marginado. Admite ser un «inadaptado». Recibió influencias de autores románticos: Keats, Hölderling, Bécquer… También de los clásicos, en especial de Garcilaso.

Durante un año trabajó como lector de español en la Universidad de Toulouse. Cuando se proclamó la República se mostrará dispuesto a colaborar con todo lo que fuera buscar una España más tolerante, liberal y culta. Durante la Guerra Civil participó en el II Congreso de Intelectuales Antifascistas de Valencia, y en 1938 fue a dar unas conferencias a Inglaterra, de donde ya no regresó a España, iniciando un triste exilio. Pasó por Inglaterra, Escocia y, desde 1952, México.

Su primera obra, Perfil del aire (1927), estaba en la línea de la poesía pura. De su estancia en Francia surgió Un río, un amor (1929), influido por el surrealismo, así como en Los placeres prohibidos. Donde habite el olvido (1934) es un libro desgarrador por la sinceridad con la que aborda el fracaso amoroso. Desde 1936 agrupa toda la poesía que va produciendo bajo el título La realidad y el deseo, al que va añadiendo poemas. En el exilio publicó Las nubes (1940), Con las horas contadas (1950-1956) y Desolación de la quimera (1962). También escribió interesantes ensayos literarios y colaboró en revistas y periódicos mexicanos como Excélsior o Novedades.


Nuestr@ colaborador/a opina…

Paula Prieto, alumna de 2º de Bachillerato  de nuestro Centro:

«Según la RAE, recordar es la acción de “pasar a tener en la mente algo del pasado”. Cernuda en este poema evoca la desaparición completa del recuerdo ya que como Miguel Hernández decía “los recuerdos son solo recuerdos, fragmentos que nunca se vuelven a repetir”. Por tanto, el propósito de estas palabras,  no es otro que mostrar el recuerdo de una pasión amorosa frustrada, la cual produce en él una crisis de desolación, esto se puede observar en todo el poema donde el autor evoca de manera continuada el lugar “donde habite el olvido” y es aquí, donde podemos observar la esplendidez de su  obra al someter las palabras a sus sentimientos ya que, en realidad, no está evocando un lugar real sino un espacio y tiempo donde no exista el amor y así, el deseo que este le produce no le perturbe. A lo largo del poema,  podemos observar cómo  obedece a una frustración semejante a la romántica que, desde un punto de vista formal, viene a ser un largo poema fragmentado, cuyo título está tomado de un verso de Bécquer (Rima LXVI).«


Acompañamos esta lectura con el siguiente documental sobre el centenario del nacimiento de tan ilustre poeta.

DONDE HABITE EL OLVIDO

Un pensamiento en “DONDE HABITE EL OLVIDO

  • 29 abril, 2019 a las 12:56 pm
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    ¡Gracias, Paula! Es uno de los grandes poemas de la Literatura española. Estupendo tu comentario, además.

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