Es fácil acordarse del lugar, pues este nunca pasó por alto para los numerosos escritores, periodistas, arrieros de afición juglar o cronistas locales que alguna vez pusieron por escrito o glosaron esta verídica y memorable historia. Sucedió en Abra, un pequeño pueblo (mil quinientas almas tendría entonces, hoy muchas menos) cuyas casas, blancas y pobres, se extendían en una encrucijada poco transitada entre las provincias de Córdoba y Granada. Allí, hace mucho tiempo, en los años treinta del pasado siglo, había un pastor de los de ovejas merinas, cabras moteadas, redil antiguo y perros ladradores. El pastor no tenía hacienda, así que nada la consumía, ni sus zapatos rotos, ni su camisa más roída que sucia, ni los mendrugos de pan que solía llevar en su zurrón para entretener el tiempo; tampoco la camisa y los pantalones nuevos, heredados de su difunto padre, que de añadidura se ponía los domingos. Frisaba nuestro cabrero los veinticinco años, y su rostro lozano, buen talle y agilidad no lo desmentían. Su nombre era Mateo, Mateo González Oliván, y sobre esto nunca se ha conjeturado, porque los hechos que él protagonizó no hace tanto que sucedieron y son muchos los ancianos de Abra que lo conocieron o, al menos, oyeron hablar de él.

Es pues, de saber, que este sobredicho cabrero, que no tenía una vida más miserable o triste que la del resto de sus vecinos, y que conocía bien a fuerza de practicarlas las virtudes del vino y la farra, un día sintió una desagradable comezón en el pecho. Al principio lo achacó a los fríos o al resfriado que arrastraba, pero los días avanzaron y su ofuscación se convirtió en una melancolía contumaz, que le hacía verlo todo gris. Pasaron algunas semanas y el nubarrón fue en aumento, hasta convertirse en una tristeza plomiza y cargante que provocó que Mateo se sintiera el hombre más desgraciado de la tierra. Su tristeza, por supuesto, no pasó desapercibida ni para su madre, que para algo Mateo era hijo único, ni para su novia, Conchita García, una guapa y alegre muchacha de una aldea cercana. Conchita estaba ya en edad casadera y esperaba que su apuesto pastor reuniera los cuartos necesarios para llevarla al altar y celebrar una boda de relumbrón, con chocolate, magdalenas y anís de Rute para los invitados. Ni los cuidados de la primera ni las cariñosas atenciones de la segunda sirvieron para animar a nuestro pastor, que estaba llamado a convertirse en uno de los hombres más notables de la comarca.

 

Pablo Santiago Chiquero – Cervantes para cabras, Marx para ovejas


Más sobre… PABLO SANTIAGO CHIQUERO

Pablo Santiago Chiquero, (Valenzuela, Córdoba, 1981) es un periodista que ha trabajado como guionista de televisión para diversos programas y documentales de Canal Sur. Ha publicado Historias del Guadalquivir, un viaje literario y antropológico por el corazón de Andalucía (2011), Promueve, junto a otros, el World Literary Atlas (worldliteraryatlas.com), donde se pretende aunar literatura y geografía. También ha publicado un libro de relatos: Once goles y la vida mientras , también publicada por MacLein y Parker, como esta obra que aquí rescatamos.

Cervantes para cabras, Marx para ovejas: Mateo es un pastor de cabras y ovejas de Abra, un apartado pueblo de la provincia de Córdoba. Inteligente e inquieto, la falta de alicientes en su vida hace que sufra una severa depresión. De su letargo solo logra rescatarlo Lázaro Esquivel, un maestro recién llegado, quien por las mismas semanas de la proclamación de la Segunda República consigue sanar a Mateo gracias a una terapia muy poco ortodoxa. Con el pastor recuperado, el primer objetivo será reconquistar a Conchita, la antigua novia del joven; el segundo, difundir la lectura y arrancar al pueblo de Abra de su incultura secular, gracias a un falso experimento veterinario entre cabras y ovejas que pondrá a todo un pueblo a leer El Quijote, de Cervantes, y El capital, de Marx.

Con lucidez y humor, con una resolución casi quijotesca, esta novela plantea la posibilidad de una metamorfosis completa de la sociedad a través del conocimiento y el cambio de valores que este conlleva. Más que una comedia rural, más que una historia de amor, amistad y aprendizaje, Cervantes para cabras, Marx para ovejas es una fábula sobre el amor a los libros, la fe ciega en los clásicos y el poder transformador de la lectura, una actividad subversiva capaz de transfigurar para siempre la realidad en la que vivimos.

 


Nuestr@ colaborador/a opina… 

Francisco Luque, profesor de Matemáticas de nuestro centro opina: «Este libro, de algo más de trescientas páginas, me ha durado dos sentadas, y me ha transportado a una aventura relacionada con la lectura en un ambiente rural, pastoril, previo a la guerra civil española. Gracias a ella, sus protagonistas consiguen que la lectura sea una fuente de cultura y de cambio de valores en la sociedad. Lectura divertida que retrata simpáticos personajes del ambiente rural cordobés y en el que se pueden sentir reflejados muchos ancestros de nuestras familias. El libro puede resultar interesante tanto a adultos como a jóvenes que quieran tener, por un lado, un pequeño retrato cariñoso de algunos tipos rurales y, por otro, de la influencia que pudieron tener las lecturas de obras políticas en las comunidades rurales en el período de la II República.»

 

CERVANTES PARA CABRAS, MARX PARA OVEJAS

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