«Oh, Dios mío, si tenemos culpas, sin duda ya las hemos expiado…»
María Antonieta, octubre, 1790

Miércoles. Perdón pedirá Antoinette. Será cuando suba a las tablas. Lo dirá tan bajo que el ferviente público no la oirá. Dos horas antes el pintor David trazará a lápiz el rostro ovalado, los azules ojos de Antoinette; él sentado en el Café de la Regencia, ella en su carroza. Et in Arcadia Ego, el óleo de Poussin que Antoinette había contemplado en palacio años atrás, debía haber sido una advertencia, un oráculo que revelara la omnipresencia de la muerte, sus sombras en contraste con la alegría de vivir. Tropezará. ¡Ay!, el zapato color ciruela. 365 zapatos al año lucían los nobles. Pisará al querido Charles-Henri Sanson, cuarta generación de actores, que compartirá cartel con ella. Y recordará el instante en que deseó ser una simple campesina.

Fue en Versalles. El jazmín, las rosas y el mirto, qué exuberancia. El baile había durado toda la noche y los invitados partían mientras las segadoras comenzaban su trabajo bajo el resplandeciente sol del nuevo día. Y Antoinette, ya sin rubor en las mejillas ni carmín en los labios, quiso creer, el champagne fue la causa, que la existencia de aquellas mujeres que blandían la hoz era menos dura que la suya; sus manos solo soportaban el peso del abanico o del taco de billar. Segar las mieses debía ser infinitamente más fácil que fingirse pastorcilla en El triunfo de amor, el roce de la seda en la piel, las perlas prietas en la garganta y el recogido alto. Aún no era tarde, aún podía convertirse en aldeana. Tendría sus propias vacas, unas vacas orondas a las que llamaría Blanquita y Negrita. Bebería su leche en taza defina porcelana servida en bandeja de plata, como todos los campesinos, sin duda, harían al amanecer antes de doblar el espinazo en los bancales o en los establos.

Miércoles. 12:50. “Mivida ha sido complacer”, pensará, “porque el arte de complacer es el principal rasgo femenino, porque lo dice la Enciclopedia y lo dicen los enciclopedistas: lo bonito complace, luego yo debía complacer”. Antoinette se conducirá sin la gracia y el donaire de antaño, pero será amable con su compañero de tablas, de hecho muy amable teniendo en cuenta que el guion exigirá que Charles-Henri la trasquile con sus tijeras de atrezo. “Yo también he vivido en la Arcadia”, pensará. “Memento mori. En el paraíso puede hallarse la muerte. Y el público me ama por mis lágrimas, me aclama conmovedoramente a pesar de la escasez de pan que no ha remitido nunca”.

El pan, la obsesión nacional. El alimento básico de los trabajadores. La única comida del pobre, que gasta sus míseros ingresos en pan. Las sequías y las heladas han arruinado las cosechas, pero los impuestos hay que pagarlos. El país está en bancarrota. El tesoro vacío. Es normal morir de hambre en estos tiempos. Hay motines y trifulcas. Y acosan al delfín al grito de “Pan, pan”. “Que no tienen pan, que coman bollos”, dicen que dice la bella Antoinette. Falso. Antoinette es solidaria. Antoinette quiere a los pobres. Antoinette quiere que los pobres quieran a Antoinette. Antoinette obliga a sus hijos a jugar con los niños pobres. Antoinette reparte los regalos de sus hijos entre los niños pobres. Como si los niños pobres supieran jugar. Como si los niños pobres apreciaran otra cosa que no fuera el pan.

Miércoles. 12:50. 16 de octubre. París será un ventisquero y ella llevará el fino vestido blanco, primaveral y feo de los últimos días, la llamada “camisa de la reina” que imitarán las damas en el patio de butacas. Sin lazos, sin bordados, sin diamantes. Las medias negras. Un público exultante. La función debe comenzar. La culpa fue de Beaumarchais y de Las bodas de Fígaro. Qué monstruosidad. Qué horror. Qué mal gusto. Qué regocijo indecente. Qué inmoralidad grotesca. Las duquesas sentadas en el gallinero junto a las plebeyas. La nobleza aplaudiendo los insultos a su propia clase. La victoria de los criados. Pero Antoinette llegó tarde y los cómicos tuvieron que repetir el primer acto entero para ella. Y ahora Antoinette actuará para el pueblo.

Miércoles. 12:50. 16 de octubre. París.1793. Plaza Luis XV, hoy de la Revolución, mañana de la Concordia. El instrumento teatral, santa guillotina, patrona de los patriotas, amará a Antoinette, Marie-Antoinette de Austria.

 

Ana Morilla Palacios


Más sobre… MARIE ANTOINETTE

Reina de Francia, María Antonieta, a quien se ha acusado de propiciar la Revolución Francesa -que terminaría guillotinándola a ella, nueve meses después de su marido, el rey Luis XVI- a causa de su supuesta frivolidad, puesta en duda por estudiosos actuales. El pueblo siempre rechazó a una reina extranjera (nació en Austria), presumida y derrochadora. Recibió por ello apelativos como L’autre- chienne (juego de palabras entre “autrichienne”, ‘austriaca’, y “autre chienne”, ‘otra perra’), Madame Déficit y Loba austriaca. Ana sitúa al personaje, en este relato, en sus últimos momentos, relacionando el cadalso con una representación teatral de las que tanto gustaba la soberana. No está nada mal reconsiderar a algunas figuras históricas sin prejuicios y revisar los clichés que hemos heredado, a veces a través de una visión distorsionada.

Podéis conocer algo más sobre este interesante personaje si veis el siguiente documental:

O la película dirigida por Sofía Coppola en 2006 a la que hace referencia este vídeo:


Nuestr@ colaborador/a opina… sobre ANA MORILLA

Gloria García, anterior administradora de este blog, nos presenta a la autora:

«Ana Morilla Palacios es profesora de Secundaria. Doctora en Teoría de la Literatura y del Arte y Literatura Comparada. Directora de talleres y cursos de escritura creativa en Bibliotecas y Centros Culturales. Ha dirigido la editorial Artificios y la Escuela de Escritores de Granada; ha sido subdirectora de la revista Garnata y coordinadora del Aula de Cultura del diario Ideal de Granada. Ha coordinado distintas antologías conmemorativas como Dolor tan fiero (Port Royal, 2015), en el centenario de Teresa de Jesús; o Cervantes tiene quien le escriba (Traspiés, 2016) en el centenario del Príncipe de los Ingenios. Ha publicado los trabajos de divulgación literaria Libertinos, pornógrafos e ilustrados (Traspiés, 2016); El último amor de Safo y Sonetos de Mercedes Matamoros (Biblioteca Virtual de Andalucía, 2013). Es autora del poemario La ciudad herida (AVM, 2013); así como de numerosos relatos publicados en distintas antologías.

Ana impartió docencia en nuestro centro el curso pasado. Dejó muestras de su buen hacer y nos descubrió a una gran poeta y narradora, además de excelente profesora. Algunos de sus relatos se centran en personajes históricos femeninos, casi nunca bien tratados por el tiempo ni por los estudiosos. Un ejemplo de ello es la reina de Francia, María Antonieta.«

LA INTERPRETACIÓN DE ANTOINETTE

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