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En una ocasión oí comentar a un cliente habitual en la librería de mi padre que pocas cosas marcan tanto a un lector como el primer libro que realmente se abre camino hasta su corazón. Aquellas primeras imágenes, el eco de esas palabras que creemos haber dejado atrás nos acompañan toda la vida y esculpen un palacio en nuestra memoria al que, tarde o temprano -no importa cuántos libros leamos, cuántos libros descubramos, cuánto aprendamos u olvidemos-, vamos a regresar. Para mí, esas páginas embrujadas siempre serán las que encontré en los pasillos del Cementerio de los Libros Olvidados.

CARLOS RUIZ ZAFÓN, La sombra del viento.

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Carlos Ruiz Zafón (Barcelona, 1964) inició estudios de Ciencias de la Información pero muy pronto se dedicó a la publicidad, oficio que abandonó para escribir novelas de gran éxito. Después de darse a conocer con novelas juveniles (Marina o La trilogía de la niebla, formada por El príncipe de la niebla, El palacio de la medianoche y Las luces de septiembre) su novela La sombra del viento lo consagró en la literatura para adultos. Esta obra ha llegado a ser un superventas traducido a numerosos idiomas. Continuó su tetralogía dedicada a su ciudad natal titulada El Cementerio de los Libros Olvidados, con El juego del ángel, El prisionero del cielo y su última novela, El laberinto de los espíritus. Estas cuatro novelas están interconectadas y ambientadas en una Barcelona misteriosa y gótica que va desde la era de la revolución industrial hasta los años posteriores a la guerra civil española. Los cuatro relatos, independientes y autosuficientes en sí mismos, comparten algunos personajes y escenarios.

«Mi método de trabajo está dividido por capas. Escribo como se hace una película, en tres fases. La primera es la preproducción, en la que creas un mapa de lo que harás; pero cuando te pones a hacerlo ya te das cuenta de que vas a cambiarlo todo. Luego viene el rodaje: recoger los elementos con los que se hará la película; pero todo es más complejo y hay más niveles de los que habías previsto. Entonces, a medida que escribes, ves capas y capas de profundidad, y empiezas a cambiar cosas. En esa fase es cuando empiezo a preguntarme: ‘¿Y si cambiase los cables, o el lenguaje, o el estilo?’. Ahí creo la tramoya, que para el lector ha de ser invisible: el lector ha de leer como agua, le ha de parecer todo fácil… Pero para que sea así hay que trabajar mucho».

Además de los dragones, a Carlos Ruiz Zafón le interesan la música, la arquitectura, el cine, el cómic y la historia. Toca el piano y todo tipo de teclados.

Con motivo del Día del libro, publicamos este sugerente texto que nos propuso hace algún tiempo Clara López García, pianista, lectora y seguidora de este blog. Y añadió el siguiente comentario:

«Al leer este fragmento reflexioné durante un buen rato cuál fue ese primer libro que se abrió camino ante mí. No tuve ninguna duda: fue El Diario de Ana Frank. Pero no se trata del libro, sino de la persona que me ayudó a descubrir este y todos los que a partir de ese momento cayeron en mis manos. Esa persona ha sido siempre mi madre. Gracias a ella y a ese primer libro que realmente me marcó como lectora he adquirido los valores que considero importantes y necesarios en la vida. Y creo que eso es lo más valioso que podemos aprender de un libro y de una madre».

En el siguiente vídeo podéis ver unas imágenes sugeridas por el libro que comentamos y después una entrevista que el periodista Andréu Buenafuente realiza al escritor.

El primer libro

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